En el mes Internacional del Cuidado de la Fertilidad nos gustaría introducir una temática poco visibilizada, relacionada con el diagnóstico o con la falta del mismo, y el impacto que esto despierta en las usuarias/os.

Hay múltiples factores que pueden generar infertilidad, pero cuando la ciencia no logra brindar un diagnóstico preciso, se ha observado que la incertidumbre, la ansiedad y la angustia aumentan en un gran porcentajes de personas. Si bien estas reacciones no están presentes en todos los individuos afectados, son frecuentes en una gran proporción, especialmente en las mujeres y varían a lo largo del proceso.

En cuanto las personas comienzan a percibir cierta demora para lograr la concepción, o sufren pérdidas de embarazos, comienzan las preguntas, los interrogantes y la búsqueda de información en las fuentes más accesibles hasta dar con los centros especializados.

En algunos casos, los exámenes médicos pueden dar con el diagnóstico del paciente, pero en otros, es posible que la ciencia no llegue a conclusiones concretas y el diagnóstico de infertilidad sea por causas desconocidas.

Esta situación específica de no tener un diagnóstico concreto, suele generar un coste físico, emocional y psicológico que puede iniciar una búsqueda desmesurada de información en otras fuentes para aplacar las dudas, fantasías, ansiedades, miedos y temores. También es posible, que, ante la carencia de un diagnóstico clínico específico, se busquen factores  meramente psicológicos para explicar la dificultad.

En definitiva, el hecho de no saber ante qué se están enfrentado desconcierta e invita a conductas que podrían no ser saludables a latgo plazo.

En estas instancias, el tratamiento psicológico puede servir de brújula para que las personas logren focalizar sus energías y pensamientos y no queden a la merced de intentos superpuestos de búsqueda de respuestas o maratones de soluciones “mágicas” ,que sólo aumentan la frustración y alejan del sentido original  que es, el deseo de ser padres. El estrés asociado a la infertilidad puede comprometer, con distinta  intensidad, los ámbitos laborales, sociales, de pareja entre otros, retroalimentando el sentimiento de malestar y angustia.

Uno de los objetivos, frente a este panorama, es que la Psicología de la Reproducción Humana Asistida sea una contribución efectiva a la salud mental, en la adherencia a los posibles tratamientos y el resultado de los mismos, brindando un acompañamiento integral e idóneo; contribuyendo a  la disminución del estrés y por lo tanto, evitar el abandono precoz de los tratamientos específicos.

Sobre las autoras

Cecilia Taburet. Lic. en Psicología M.P. 5760. Coordinadora de la sub-comisión de “Reproducción Asistida” del Colegio de Psicólogos y psicólogas de la Provincia de Córdoba

Constanza Pereyra Esquivel. Lic. en Psicología. M.P. 8505. Coordinadora de la sub-comisión de “Reproducción Asistida” del Colegio de Psicólogos y psicólogas de la Provincia de Córdoba